Consiste en mezclar el abono elegido con la tierra antes de implantar el cultivo. Una vez trabajada la tierra, repartiremos la dosis que corresponda en dos pasadas en sentido cruzado, después daremos otro laboreo para proceder a la siembra o plantación.
Abonado de cobertera
Implantado o sembrado el cultivo, periódicamente, haremos aportaciones de abono, sin necesidad de laboreos. Se no llueve, será necesario regar.
Abonado localizado
En frutales o en determinados cultivos, pondremos el abono cerca de las plantas, teniendo en cuenta que las raíces están a cierta distancia del tallo.
Abonos solubles
Son aquellos que en poco tiempo están a disposición de la planta y de no ser aprovechados son arrastrados por las aguas. Se utilizan en momentos de gran crecimiento, en primavera o en verano con riego.
Abonos de liberación lenta
Permanecen más tiempo en el suelo y la planta los aprovecha mejor. Adecuados para árboles, césped, patatas e maíz.
Entender la composición de un abono (8-14-26)
El primero número (8) siempre representa el % de Nitrógeno, el segundo (24) representa el % de Fósforo y el tercero (16) el % de Potasio. Cuando tiene más números se especificará lo que es cada uno. El resto de la composición hasta cien es excipiente que habitualmente es carbonato u otro mineral de bajo coste.
Abonos compuestos
Son aquellos que tienen varios nutrientes. Debemos conocer la composición más adecuada para cada cultivo.
Abonos simples
Sólo tienen un nutriente. Son apropiados para corregir desequilibrios o necesidades conocidas.
Abonos orgánicos
Proceden de estiércol o material vegetal y animal. Tardan más tiempo en ser asimilados por las plantas, pero mejoran la estructura del suelo. Muy adecuados para producciones ecológicas.
Las calizas
Hacen que los minerales, queden fijados a la estructura del suelo y que no marchen con la lluvia. Debemos encalar periódicamente.
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